Gara Lior
Sobre mí

Hola.

Soy Gara Lior.

Nací del desorden, de intentar poner sentido donde nada encajaba.

De escuchar ruido durante mucho tiempo y aprender a construir refugios pequeños.

Hogara no nació de una idea de negocio, nació de una necesidad.

Mi Misión

Transformar la planificación en algo vivo, humano y mágico

Mi misión con Hogara Planner es transformar la planificación en algo vivo, humano y mágico.

No se trata de tachar tareas, sino de escucharse.

De encontrar equilibrio entre lo que se espera de ti y lo que realmente necesitas.

Quiero que cada página te devuelva a ti misma, no a una lista.

TENÍA 6 AÑOS

La despedida que ocurrió demasiado pronto

Tenía seis años.

Y a los seis años no se está preparado.

No para entender la muerte.

No para sostener silencios.

No para recibir noticias sin que nadie mida el impacto.

Ese día la información llegó entera.

Sin adaptación.

Sin comprobar si un cuerpo tan pequeño podía sostenerla.

No lloró delante de nadie.

No porque no doliera.

Sino porque entendió, sin palabras, que ahí no había espacio para eso.

Gara a los 6 años

"Se quedó quieta, callada, como hacen los niños que aprenden demasiado pronto a esconder su dolor para no molestar."

Eso no es fortaleza.

Es supervivencia temprana.

Es aprender que sentir demasiado genera incomodidad.

Y que lo correcto es contenerse.

Lloró después.

Sola.

Donde no hubiera testigos.

No hubo escenas.

No hubo dramatismo.

Solo una niña funcionando por fuera y desbordada por dentro.

Cuando le preguntaron si estaba triste, dijo que no.

No fue una mentira consciente.

Fue una respuesta aprendida.

Gara en su infancia

"Porque un 'no' dicho con los labios de un niño a veces significa un 'sí' dicho con el alma."

A los seis años ya sabía que algunas personas no vuelven.

Que la ausencia puede ser definitiva.

Que el mundo no se detiene para explicarte nada.

Esa verdad no fue demasiado grande para entenderla.

Fue demasiado grande para cargarla sola.

Durante semanas no pasó nada visible.

Y eso fue lo más peligroso.

Ahí empezó la costumbre de no pedir.

De no molestar.

De sostener el dolor sin hacer ruido.

No dejó de ser niña ese día.

Pero algo se desplazó.

Aprendió que, a veces,
nadie te enseña cómo atravesar una pérdida
y aun así esperan que sigas adelante
como si supieras hacerlo.